Posidonia: el pulmón verde del Mediterráneo se muere

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Formentera prepara un plan para salvar sus fondos marinos y proteger la isla del turismo depredador

«La posidonia se muere. Que alguien salve a la posidonia». Ese fue el grito de guerra de un festival organizado en la isla de Formentera el mes pasado para poner en valor este pulmón del Mediterráneo, que se halla en un grave proceso de regresión en los últimos años. A un ritmo de entre un 4 y un 7%, avalaron los expertos y científicos llamados a participar en el festival, y que en 2016 arrojó una cifra alarmante: la destrucción en la pradera de posidonia oceánica de Formentera, el organismo vivo más longevo del planeta con 100.000 años de antigüedad, ya llega al 44%. La razón es multicausal: «Existen impactos directos, como las anclas de los barcos, el fondeo de barcos incontrolado que acecha sobre la planta; y se da un problema que las administraciones tienen que atajar que es el de la depuración de las aguas residuales en las islas pitiusas. Tienen un sistema de depuración muy precario»

Quien habla es Guillem Roca, investigador del Imedea (Instituto de Estudios Avanzados del Mediterráneo), que junto a su compañera Raquel, son los encargados de relatar algunas bondades de este organismo al que llaman «el pulmón del Mediterráneo». La posidonia contribuye al color cristalino de las aguas en esta isla, así como en todo el arco mediterráneo. Ayuda a consolidar la arena de las playas, y frena la energía de las olas, oxigena las aguas y es vital para la reproducción de los peces. Por ende, mejora la protección del planeta, dicen los dos científicos. «Pero algo se está haciendo mal, cuando el agua es cada vez más turbia. La posidonia hace cada vez peor la fotosíntesis, crece a ritmo de un centímetro cada año, pero en su parte superficial, en la parte más profunda no está llegando bien la luz y es por la calidad del agua cada vez más deteriorada», apuntan ambos técnicos en el festival «Save the Posidonia».

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