‘Ramonet’, un genio Ingeniero de Caminos

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Ramón Gras Vidal, el genio que salió de la Escuela de Caminos de Santander en los setenta

Corrían los años setenta y la Escuela de Caminos, Canales y Puertos de Santander destacaba en el país a la altura de su homóloga en Madrid. La exigencia del profesorado hizo que en cinco promociones seguidas ningún alumno consiguiera aprobar el segundo curso en un año. La media para acabar la carrera era de 9-10 septiembres. Y allí, entre números y problemas, se cocía un microclima universitario sin precedentes en la capital cántabra.

En aquel grupo estaba Ramón Gras Vidal (‘Ramonet’), un estudiante de Tarragona capaz de multiplicar cifras de seis u ocho dígitos por otros tantos dígitos «más rápido que las calculadoras» y que cursó esta carrera de ingeniería en seis años, de 1970 a 1976. «Mi padre tiene una habilidad matemática que tienen menos de diez personas en el mundo», dice hoy su hijo Ramon Gras Alomà (investigador de Innovación Urbana en la Univeridad de Harvard), que acaba de publicar en Youtube el documental ‘La magia de los números’ sobre la figura de su progenitor.

En el vídeo, de veinte minutos de duración, varios de los compañeros de escuela y residencia (la Torres Quevedo) de ‘Ramonet’ hablan de la figura del que hoy es «líder de innovación urbana con sede en Barcelona, ingeniero civil y planificador urbano».

Los ingenieros y compañeros de la Torres Quevedo como Valentín ArroyoPablo Díez SimalAntonio Aguado de CeaLuis Rodríguez-OvejeroPepe RegoJosé María Mazón y Ramón Sainz Bustillo -el único que estudiaba Medicina- oran en ‘La magia de los números’ anécdotas de aquellos fantásticos años de compañerismo pero de una exigencia «inhumana», de «autodisciplina atroz» en los que aprendieron teoría mientras se convertían en «grandes solucionadores de problemas».

Todos recuerdan con admiración a Ramón Gras Vidal, aquel joven tranquilo y sosegado capaz de dejar a cualquiera con la boca abierta por su capacidad de cálculo. «Hacía operaciones sin pensarlo. Nunca habíamos visto algo así». Cuando le preguntaban dónde estaba la trampa, Gras era capaz de dar «una explicación ‘de nota»’ en la que descomponía los números primos y dejaba al descubierto su tremenda capacidad de lógica.

Además, rememoran noches resolviendo problemas en la residencia, cómo pasaban horas buscando por las bibliotecas y librerías biografía matemática, cómo se ayudaban unos a otros en una ambiente «excelente» en el que se fraguaron «amistades para toda la vida». Aquella generación dejó huella en la escuela porque «era el espejo de los que los más jóvenes queríamos ser». Fue la época de la magia de los números.

Fuente: EL DIARIO MONTAÑÉS