¿Por qué las mujeres no quieren ser ingenieras?

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El 17% de las alumnas matriculadas en las universidades españolas eligieron estudios de ingeniería y arquitectura el pasado curso según los datos del Ministerio de Educación

Las que acabaron en las escuelas de ingeniería suponen una mujer por cada cuatro futuros ingenieros, una proporción tan desigual como la de hace tres décadas. La captación del talento femenino en las llamadas titulaciones STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) es tan preocupante que la Real Academia de Ingeniería (RAI) se ha puesto manos a la obra y ha desarrollado el programa Mujer e Ingeniería para fomentar vocaciones -o al menos evitar que no se pierdan por prejuicios y estereotipos heredados- al tiempo que visibilizar a las mujeres que ya son líderes en este sector.

¿Por qué a las mujeres no les atrae la ingeniería? «El problema es complejo», explica Sara Gómez, miembro de la RAI y directora de Mujer en Ingeniería, que intenta resumirlo en tres: desconocimiento de la labor de los ingenieros -«nadie sabe lo que hacemos a pesar de que no hay ni una sola actividad al día que no tenga que ver con la ingeniería y la tecnología», recuerda-, estereotipos perniciosos que lleva a la falta de referentes y un concepto erróneo de la dificultad que implica estudiar ingeniería. «Hacerse ingeniero no es un paseo, pero no es mucho más complicado que los estudios de medicina, donde más del 70% de los estudiantes son mujeres», reflexiona. «La sociedad no las anima a ser ingenieras. Y con eso hay que acabar y poner el foco en el talento femenino», sentencia Javier Pérez de Vargas, director gerente de la RAI. Para él, la ingeniería tiene que actualizarse, «quitarse la corbata y ponerse una camisa de flores». «Hay que hacerla atractiva. Normalizar la ingeniería, que ya tiene su centro en la persona y no en la máquina, como ocurría en siglos anteriores», defiende.

En datos que explica Sara Gómez, en los últimos 20 años se han perdido «más del 20% de estudiantes de las escuelas en España, sin distinción de género». Y las, pocas, mujeres que se han incorporado lo han hecho de manera muy asimétrica. «Hay sectores muy masculinizados, como el motor y el desarrollo de software y videojuegos. A informática sólo se van un 10% de las alumnas, un cifra similar a la de los años 80, mientras que un 50% se va biomedicina biotecnología, dos ingenierías nuevas. La ‘biocosa’ nos va a las mujeres, el ayudar a los demás. Hemos estado ocupadas en cuidar al mundo, ahora vamos a ver si cambiamos el mundo», advierte Sara, que ve en la «información y la educación» la única forma de que nadie se plantee elegir sus estudios por su género.

Esa feminización de algunas ramas tiene una disfunción añadida. «Los perfiles que se están demandando tienen que ver con la parte tecnológica, que es las que no eligen las chicas. Hablamos de las brechas salariales, que son reales, pero si las ofertas en el mercado buscan unos determinados perfiles y las mujeres no estamos ahí, volveremos a quedarnos atrás en esa conquista de los puestos de alta dirección», reflexiona.

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