Fernando Gallego, el Ingeniero de Caminos olvidado

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Sus patentes fueron utilizadas en la construcción de las estructuras que facilitaron el desembarco de Normandía

En ocasiones sorprende cómo ciertas figuras que brillaron con especial intensidad en su época, han sido completamente olvidadas. Desconocía por completo la figura que nos ocupa en estas letras hasta que, por casualidades de la vida, cierta llamada telefónica de José Carlos González y el posterior material recopilado de diversas fuentes, entre ellas lo hallado por Alfredo Moralejo, me iluminó el camino para glosar la figura del increíble Fernando Gallego Herrera. Con lo que aquí voy a mencionar no se hace sino rascar la superficie de una apasionante vida de ciencia y aventuras, digna de una novela de acción. Fernando, genio olvidado prototípico, reposa hoy en el cementerio de Logroño junto a su esposa, Humildad, en la que sin duda es una de las tumbas más sobresalientes de ese lugar. Construido por él mismo, su lugar de reposo constituye un repaso a su vida y su enigma pues, entre símbolos misteriosos y formas de inspiración egipcia y modernista, se alza ante la vista de los visitantes un impresionante panteón que guarda muchos secretos simbólicos.

Modelo de “arco funicular” construido en Villoria por Fernando Gallego.

Fernando, a quien llamaban “el ruso” en Logroño durante sus últimos años debido al curioso gorro de astracán con el que paseaba en los días invernales, acompañado en ocasiones de un leopardo atado a una cadena dorada, nació en la salmantina localidad de Villoria el 14 de febrero de 1901 y falleció el 10 de junio de 1973 en Pamplona. En esas siete décadas de vida alumbró conceptos y proyectos que dejan pasmado a cualquiera. Realizó los primeros estudios en su Villoria natal, pasando más tarde a estudiar en el colegio de Calatrava en Salamanca. Era tan bueno en los estudios, que rompió todas las escalas y… ¡tuvieron que crear un premio especial por sus logros académicos! En Madrid estudió en la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, logrando las mejores calificaciones y el Premio Escalona al ser el primero de su promoción. Siendo ingeniero recién titulado, en 1926, comienza a recibir encargos de gran importancia que logra superar con eficacia sin igual. Trabaja en el diseño de la Estación de Francia en Barcelona, y en las obras del Metropolitano. Por si esto fuera poco, estudia posteriormente Derecho en la Universidad Central de Madrid, aprende cuatro idiomas y obtiene el título de piloto de aviación en julio de 1936.

Gráfico de uno de los proyectos de puente de Fernando Gallego.

Por esa época presenta su proyecto de avión de despegue vertical o “Aerogenio” y su plan para unir las dos orillas del estrecho de Gibraltar a través de un túnel flotante submarino. Como en tantas otras ocasiones, la Guerra Civil cortó de raíz sus sueños, pasando cuatro meses escondido en un pajar en Villoria a la espera de un permiso y protección del Gobierno de los Estados Unidos, un apoyo que posteriormente le salvó de la prisión o el exilio forzado. Sin embargo, en 1941 fue depurado por el gobierno franquista, debiendo abandonar su puesto en la Dirección General de Obras Hidráulicas. De lo que era una negra situación, Fernando logra salir gracias a que decide viajar por todo el planeta ofreciendo sus servicios como ingeniero civil. Su fama por entonces ya era grande, lo que le permite trabajar en grandes obras en Estados Unidos, Japón, Filipinas, India, Siria, Turquía, Gran Bretaña, Italia y, cómo no, Egipto. Lo de este país africano es más que una anécdota. Para Fernando su estancia en el país del Nilo le deja marcado para siempre, tal y como puede verse por el simbolismo egipcio presente en su tumba. Allá trabajó en las obras de la presa de Asuán a principios de los sesenta. Su éxito hace que le llamen de Estados Unidos y de Rusia, en plena Guerra Fría, confiando en él los dos bandos enfrentados por la supremacía mundial. Innovó en ingeniería civil con su idea del puente de arco funicular, así como con un sistema de vigas empotradas en los muros y un método de cimientos de gravedad invertida o de flotación, que fue el principio en el que basó su idea para el túnel flotante que permitiría salvar todo tipo de accidentes geográficos marinos.

El “Aerogenio” de Fernando Gallego.

 

Extracto del artículo publicado el blog Tecnología Obsoleta