El delta del Ebro necesita dos millones de toneladas anuales de sedimentos

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Los embalses de la cuenca retienen las piedras y los limos necesarios para frenar su hundimiento

  • Un proyecto analiza sistemas para transportar aguas abajo los materiales confinados tras los diques

La existencia de 70 presas en toda la cuenca, construidas la mayoría entre los años 1950 y 1970 para garantizar el suministro urbano y de riego, domar las avenidas y generar electricidad, dificulta desde entonces el transporte de sedimentos aguas abajo y pone en peligro la supervivencia del delta del Ebro. Para contrarrestar la subsidencia natural del delta -su hundimiento en el terreno-, agravada ahora por el aumento del nivel del mar de las últimas décadas, sería necesario el aporte de entre uno y dos millones de toneladas de sedimentos adicionales que actualmente quedan retenidos en el fondo de los embalses, como subraya el programa europeo Life Ebro-Admiclim. Entre otros aspectos, este programa científico analiza y ensaya estrategias para favorecer el transporte de limos, arena y pequeñas piedras hasta el tramo final del río.

Antes de que los diques se levantaran, la fuerza del agua arrastraba hasta el delta entre 20 y 30 millones de toneladas anuales de sedimentos, fruto de la erosión del terreno por donde discurren el Ebro y sus afluentes, mientras que los aportes actuales se limitan a 100.000 toneladas, menos del 1%. De hecho, debido a la acumulación de limos en el fondo, el agua que pueden almacenar algunos embalses es inferior en un 20%, o incluso superior, a la capacidad máxima teórica.

Toda solución, claro está, pasa por permeabilizar los diques para que puedan pasar limos y arena. Y ello solo se consigue de dos maneras: provocar avenidas controladas con suficiente fuerza para arrastrar materiales sólidos y abrir las compuertas inferiores de las presas, resume Carles Ibáñez, jefe de la Unidad de Ecosistemas Acuáticos del Institut de Recerca i Tecnologies Alimentàries (IRTA), en Sant Carles de la Ràpita, y uno de los responsables del proyecto Life Ebro-Admiclim. «Es una opción totalmente asumible -insiste-. Ya se hace en muchos países». En EEUU se ha llegado incluso a demoler embalses para recuperar el carácter natural de los ríos.

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