Al rescate de la ingeniería

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El autor aboga por una mayor integración de la regulación del sector, desde la formación hasta la colegiación o la unidad de mercado, que podría facilitarse aprobando una Ley de Ingeniería

Durante trece días España ha estado pendiente de una obra de ingeniería. Un niño atrapado dentro una montaña, escenario de pesadilla donde –aunque nada pudiera al término consolar a sus padres– se intentó un rescate con un impresionante despliegue de esfuerzo, inteligencia, coraje y tecnología.

No es habitual que la ingeniería llegue al gran público en su proceso de ejecución, salvo cuando ocurren accidentes. Sin embargo, sus resultados finales sí llegan en ocasiones a las portadas: la inauguración de una línea de AVE o un puente singular, el primer vuelo de un revolucionario modelo de avión, la mediática presentación de un teléfono móvil, el récord de altura de un rascacielos, prometedoras fuentes de energía alternativas, nuevos materiales, fábricas, robots, cultivos optimizados…

La ingeniería española goza de un importante reconocimiento internacional por su nivel académico y profesional. Esta misma semana, nuestro ministro de Ciencia se reunía con nueve rectores de seis países al constituirse la primera alianza europea de universidades para la innovación de la enseñanza en ingeniería (EELISA, por sus siglas en inglés), que lidera la Politécnica de Madrid. En muchos sectores tecnológicos o de servicios, entre las diez primeras empresas del mundo se pueden encontrar varias españolas.

Una ingeniería avanzada constituye un vector fundamental de una economía innovadora y competitiva, en beneficio interno de su nivel social y también de su capacidad para la exportación. Es el caso de España. No obstante, existen dificultades recurrentes desde hace décadas que requieren la atención de los poderes públicos.

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