Entrevista a Pedro Duque: “Sin ciencia no vamos a poder mantener o mejorar nuestro sistema de bienestar”

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Antes de entrar en la primera entrevista de un OPI a un ministro nos intentamos quitar los complejos: al fin y al cabo, Pedro Duque en su viaje del 98 llevó a bordo del Discovery un trozo de ámbar con hormigas en su interior, todo un viaje del pasado al futuro. Algo que nos lo hace más cercano si cabe. El dato lo rescató para esta entrevista la directora del Museo Geominero, Ana Rodrigo, de los paneles de la exposición Amberia, donde por dos veces se cita al hoy ministro, entonces, primer astronauta español en el espacio. Tal vez sea ésa la mejor divulgación que puede hacerse. Eso y la campechanía que todo el mundo le reconoce y que ha conseguido borrar el estereotipo de científico como persona distanciada de la realidad. Plantada la naturalidad como bandera y con los pies firmemente apoyados en el conocimiento de países tan competitivos como EEUU y Alemania, donde ha desarrollado parte de su trayectoria profesional y académica, como buen cosmonauta Duque se piensa cada respuesta, hay quien dice que llegando al titubeo. Después de este encuentro pensamos que en su cabeza pugnan la responsabilidad de quien sabe que la volatilidad de cada palabra será interpretada de manera interesada y las secuelas de una prolongada estancia fuera de nuestro país que, en alguna ocasión, le obliga a rebuscar la expresión más acertada en su lengua natal.

Quizá por esa vivencia en el exterior, hay quien teme que quiera importar la vía privatizadora para la investigación pública en España. Nada más lejos de su intención; su propuesta, según nos explica, pasa por lograr un sector estabilizado que atraiga de vuelta a casa a los cerebros perdidos durante la crisis, sin falsas promesas y buscando vías de financiación desde el consenso político, partiendo de que el binomio ciencia igual a progreso es un hecho.

Otro de los prejuicios que Duque rompe es el de la poca laboriosidad de los políticos, pues no en balde nos atiende en la víspera del Puente de la Paloma, para que se hagan una idea. Su aspecto es el que cabe esperar, traje de impecable factura azul marino y una escenografía en su despacho que acompaña: una sala blanca, casi dijéramos extraída de una de esas películas de ciencia-ficción que tanto le gustan. Sobre la mesa, un informe confidencial que, prudentemente voltea con una sonrisa antes de que siquiera reparáramos en él y apenas una cafetera plateada, entendemos que para sobrellevar las largas jornadas. Rápidamente desplegamos para él la artillería de una incompleta muestra de nuestro trabajo: algunos volúmenes que cuentan de forma amena las investigaciones a las que se dedica el IGME. A modo de estampitas quedan dispersos momentáneamente Los dinosaurios, Ámbar, Montañas, Los terremotos perdidos… y La Guía de los Parques Nacionales Españoles, porque resulta difícil condensar tanto esfuerzo humano en tan poco espacio. Pero, en fin, hecho el intento, vayamos a lo que nos ocupa…

A pocos días del lanzamiento allá por 1998 reconocía estar preocupado por la responsabilidad asumida por los “cientos de miles de millones invertidos”. ¿Esto ya lo ha vivido?

La asunción de esta cartera ministerial es una gran responsabilidad. Pero no solo por lo que se refiere a la gestión de los fondos públicos que se invierten en I+D+i y en universidades. Es una gran responsabilidad en cuanto a los enormes compromisos que se adquieren desde el punto de vista de política científica, del fomento de la ciencia como motora del desarrollo económico e impulsora de la mejora de la calidad de vida y el bienestar social.

También decía que “existen unos valores razonables de riesgo que tienes que asumir. Hay un 2 por 100 de probabilidades de que el cohete no llegue a órbita y entre las causas de ello está que explote”. ¿Le ha dado tiempo a prepararse para el eventual estallido de este encargo como ministro? ¿Tiene un plan b si las cosas no salen como está previsto?

Tal y como indiqué nada más asumir esta cartera ministerial, no contemplo el fallo como una opción. Estamos trabajando muy intensamente desde el primer día con el importantísimo reto de situar el sistema de I+D+i y universidades en el lugar que se merece.

¿En qué se traduce esa frase suya de “poner a la ciencia española en la estratosfera”?

España es un país de talento, de ciencia y de innovación y vamos a situar la I+D+i en el lugar que se merece. Para ello, es fundamental obtener el compromiso de todos sobre el incremento de recursos para nuestro sistema de investigación, innovación y universidades. Y alcanzar un acuerdo de país que garantice la estabilidad presupuestaria pública destinada a la I+D+i, incluso en ciclos de crisis económica.

Usted asegura que “cuando las cosas se hacen bien, la ciencia es lo más rentable para cualquier país”. La gente se moviliza por la educación, sanidad o las infraestructuras, pero no por la I+D+i de la que dependen… ¿Por qué entonces la idea de que la ciencia es rentable no llega a la sociedad?

Solo un 5% de los ciudadanos es realmente crítico con la ciencia, según una encuesta realizada por nuestra Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología. Esta encuesta también nos dice que los ciudadanos apoyan la investigación y quieren que se invierta más en I+D+i, aunque consideran más prioritarios los servicios públicos que sostienen el sistema del bienestar. Tenemos que convencer a los ciudadanos de que, sin ciencia, sin innovación, sin unas universidades que formen y ofrezcan oportunidades a todos no vamos a poder mantener o mejorar nuestro sistema de bienestar.

Según ha comentado de su experiencia en la NASA conserva el gusto por el buceo. ¿La ciencia en España vive hoy en día en modo de apnea o podemos pensar en que tenemos oxígeno para seguir siendo punteros y no meros prestatarios de servicios para que otros investiguen?

Aunque la mayoría de los españoles no lo pensemos, en España se produce muy buena ciencia, ciencia de altísima calidad y perfectamente comparable a la de otros países. Según el ranking que utilicemos, España se sitúa entre la novena y la undécima posición mundial en producción científica. Tenemos investigadores con impacto mundial en diversas áreas, numerosos centros y universidades de primer nivel, infraestructuras científico-tecnológicas punteras y una participación importante en muchas de las mayores instalaciones europeas e internacionales. Y en Horizonte 2020, somos hasta ahora el tercer país que más ayudas recibe y el primero en liderazgo de proyectos. La situación de la ciencia española es mucho mejor de lo que creemos.

¿Estamos a tiempo de ponernos a la altura de Alemania, EEUU o Japón con la fuga de cerebros que hemos vivido en los últimos años?

Atraer talento científico es uno de nuestros objetivos prioritarios. España tiene que ofrecer oportunidades a nuestros investigadores y atraer también a personal extranjero cualificado. Estamos trabajando en la elaboración de un nuevo plan para la incorporación y consolidación del talento científico. Un plan que, entre otras medidas, posibilite que científicas y científicos que han tenido que marcharse de España en contra de su voluntad puedan volver con garantías y oportunidades.

Con los presupuestos comprometidos, ¿se pueden revertir los recortes de las dos últimas legislaturas en I+D+i y llegar a ese 2% del que ha hablado?

El incremento de la financiación de la I+D+i es crucial. Por lo que respecta a la inversión pública, de momento tenemos que seguir adelante con los presupuestos ya aprobados. Pero vamos a llevar a cabo un incremento progresivo con el compromiso de continuar aumentando. Al mismo tiempo, facilitaremos y estimularemos la inversión privada. Todo ello para alcanzar a medio plazo una inversión total que represente el 2% del PIB, con el objetivo de llegar al 3% trazado por la Unión Europea.

De hecho, ha reiterado que su objetivo estaba en el 3%, pero no sé si, una vez ya en el cargo, esas cifras quedan un poco más lejanas o realmente es factible.

Lo que tenemos es una resolución del Pleno del Congreso del 2’5% del presupuesto nacional para 2020. Así que, por lo pronto, eso no lo he dicho yo y además, los presupuestos los hace el Congreso, yo solo puedo, digamos, hacer propuestas, aunque mi propuesta, coincide con lo que ellos han dicho que hagamos. Yo creo que tendríamos que estar todos de acuerdo; ahora, luego veremos a ver los detalles.

Su apuesta es “poner a trabajar conjuntamente a los laboratorios de investigación, la Universidad y la industria”… ¿Vuelve a ser el fontanero del Discovery, el encargado de que todo funcione? 

La ciencia tiene que estar más unida al sistema de innovación, al sistema productivo, a las empresas. Con este objetivo, potenciaremos la colaboración público-privada mediante la implantación de medidas que faciliten esa colaboración y redunden también en un incremento de la transferencia de conocimiento al sector productivo. Potenciaremos, a tal efecto, las actividades y capacidades del Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI), entidad que lleva más de 40 años impulsando la innovación.

Antes de participar en la misión STS-95 aseguraba que su trabajo en cabina consistía en “no tener muchos botones que tocar, aunque sí mirar en un montón de libros y apuntar todo lo que ha pasado para que cualquier problema tenga solución”. ¿Le toca ahora como ministro recuperar ese espíritu de eficiencia ante los pocos recursos?

La eficiencia es necesaria en todo caso, con escasos o abundantes recursos. Vamos a gestionar de forma eficiente.

Ha afirmado en alguna ocasión que a veces se pedían heroicidades a los científicos, porque con unos fondos exiguos y una serie de renovaciones de contratos precarios se les exigía dar el máximo, al tiempo que parecía existir una desconfianza hacia ellos desde Hacienda, porque los fondos no se fueran a emplear bien.

El problema es que la desconfianza digamos que es endémica al sistema español de controles. También es cierto que hay más prevalencia (sonríe) del mal uso de los fondos en general en el país, algo que a lo mejor en otros no ocurre. La primera prioridad es la estabilización de las plantillas, de tal manera que el esfuerzo heroico de los últimos años pueda tener continuidad sin requerir tanto esfuerzo hercúleo, es decir, que se pueda se pueda hacer más sostenible la ciencia en España. Sí que es cierto que a mí me parecería correcto que a las personas que le encargamos la docencia de los jóvenes, el mantenimiento del conocimiento y su expansión, que esa gente tuviese un tratamiento de mayor confianza dentro del conjunto de personas que utilizan fondos públicos, pero eso todavía está por conseguir.

En Horizonte 2020, somos hasta ahora el tercer país que más ayudas recibe y el primero en liderazgo de proyectos. La situación de la ciencia española es mucho mejor de lo que creemos.

Como astronauta una de sus tareas ha sido la de motivar a los demás y vivir en entornos muy complicados. ¿Cómo ha pensado volver a recuperar el entusiasmo de todos aquellos que han vivido los ajustes de la época de vacas flacas?

La devolución de un Ministerio dedicado a la ciencia, situándola de nuevo en primera línea, es una medida muy importante que ha tenido una gran acogida.

Las medidas anunciadas, como la voluntad de incrementar los recursos dedicados a la ciencia, la innovación y las universidades, el diseño de un nuevo plan para la atracción, incorporación y consolidación del talento científico, el inicio del diálogo para la propuesta de una nueva Ley de Universidades y otras muchas que estamos comunicando están siendo muy bien valoradas por la comunidad científica y sociedad en general.

Usted ha dicho que la investigación básica en sitios como Corea, por ejemplo, es a 20 años vista, es decir, que la inversión funciona al modo de la gota malaya, pasado mucho tiempo. ¿Eso significa que el grifo de los fondos va a seguir muy limitado?

Vamos a ver si lo conseguimos y si llegamos a unos acuerdos entre todos y en particular entre las fuerzas políticas del Parlamento de que tenemos que hacer ese salto, el siguiente salto. Primero hicimos un salto de los años 80; la primera ley de la ciencia fue el primer salto que hizo España desde prácticamente el erial a cómo estamos ahora y ahora tenemos que dar otro salto con otro incremento que nos ponga al nivel de los países del entorno. Creo que tenemos ese acuerdo; si lo conseguimos, pues habrá muchísimas cosas que se resuelvan con eso y entre ellas, la financiación de los proyectos de ciencia básica.

Me pareció entender que coincidía con Unamuno en considerar el hecho de viajar como algo enriquecedor. Ahora que hay tantos científicos, expertos y técnicos viajeros, algunos querrían regresar y usted ha dicho que no merecería la pena hacerse cuatro fotos con ellos para luego que se sintieran engañados. ¿Está en marcha algún proyecto para retener ese talento que se había perdido?

Yo creo que eso tiene que ocurrir de forma orgánica y natural, sí y cuando consigamos ese salto al nuevo volumen de financiación. Traer a la gente sin incrementar el volumen del sistema científico no me parece que sea posible, porque se producen muchos científicos en España. Una cosa está ligada a la otra; si no podemos hacer el incremento del sistema completo no habrá ninguna manera real y sostenible de atraer talento extranjero o talento español que se ha ido al extranjero.

En alguna entrevista puso como ejemplo cómo en la NASA a los ingenieros les planteaban retos tan insuperables que ellos se afanaban por conseguir, incluso con los mínimos recursos. Quizás es lo que viven los científicos españoles que se marcharon a países donde disponen de muchos medios, después del duro aprendizaje en una crisis demoledora de la que escaparon…

¿Que aprovechan mejor los recursos, te refieres? Sí, bueno, la verdad es que me imagino que también. El otro planteamiento es que cuando los países invierten en programas del espacio o para desarrollar tecnologías punteras, no es solo por la tecnología misma, sino porque todas esas nuevas tecnologías que se desarrollan después trascienden a todas las demás áreas de la economía, eso es lo que normalmente defiendo.  Y lo mismo pasa con las ciencias; si el volumen del sistema es suficiente, pues eso produce también no solo los descubrimientos científicos, porque para llegar a la conclusión científica se necesita hacer desarrollos tecnológicos que la gente patenta por ahí.

El futuro de los OPIS

Tras reunirse con representantes de los OPIs conoce las reivindicaciones de los investigadores ¿Qué les propone a los OPIs a corto y medio plazo?

Una de mis primeras reuniones fue, en efecto, con los representantes de los OPIs, que me trasladaron sus preocupaciones y también las necesidades que precisaban una respuesta urgente. Hemos empezado a trabajar desde el primer momento para conseguir una mayor agilidad en la gestión administrativa.

¿Cree que hay que invertir más y hacer más divulgación científica? ¿Qué papel podrían jugar los OPIs en la culturización científica de la sociedad española?

Sí rotundo. Soy un firme defensor de la divulgación científica. En especial, de la dirigida a los más pequeños. Estoy plenamente convencido de la necesidad de impulsarla para hacer llegar el conocimiento científico y tecnológico a la sociedad e incrementar así, la cultura científica de nuestro país.

Siendo los OPIs unas de las instituciones con mayor actividad en la generación de conocimiento científico-tecnológico de nuestro país, deben asumir un papel fundamental en su difusión y en el fomento de su integración en la cultura de la sociedad. Y no necesariamente de forma aislada, sino también mediante el desarrollo de actividades conjuntas que propicien la convergencia y redunden en la consecución del objetivo de acercar la ciencia a la sociedad. Los OPIs deben dirigirse a los ciudadanos y explicar qué investigan, transmitir sus conocimientos y resultados científicos, y concienciar de la importancia y utilidad de su trabajo para la sociedad.

“Los OPIs deben dirigirse a los ciudadanos y explicar qué investigan, transmitir sus conocimientos y resultados científicos, y concienciar de la importancia y utilidad de su trabajo para la sociedad”

Hay quien sugiere que la anterior secretaria de Estado, Carmen Vela, había comentado que quizá era hora ya, una vez que parecía que la economía se estaba estabilizando, de retomar el que los OPIS volvieran a convertirse en direcciones generales. No sé si en eso se está trabajando de alguna forma…

Bueno, la verdad es que sí que lo hemos mirado y hemos visto el cambio que se hizo la última vez, pero es mal momento. Crear muchos ministerios y tratar de no incurrir en demasiado gasto público ha sido difícil, dificilísimo e incluso mantener las direcciones generales existentes. Yo lo que no he visto es dónde está la diferencia; salvo en un pequeño complemento del sueldo de unas pocas personas no veo la diferencia. Y nadie ha sabido explicarme cuál es la diferencia operativa.

Aparte de una cuestión salarial, también es una cuestión de rango y de reducir las trabas desde la Intervención General que usted mismo ha detectado al llegar al ministerio.

Sí, es verdad.

No tanto por la falta de fondos, sino que, usted lo expresaba de forma muy gráfica, incluso bromeando, decía que había científicos que le pedían no más dinero, sino que éste pudiera ser operativo, que la intervención no lo frenará.

Sí, eso no tiene nada que ver con lo del rango, sino que afecta a todo el mundo por igual y sí, ya hemos tenido la primera reunión con Hacienda. Cuando pones un control para evitar el mal uso de los fondos a veces es fácil, pero quitarlo es mucho más difícil. Pero ya desde el primer día, desde la primera reunión que tuvimos de Ministros ya le hablé a la ministra de Hacienda; ya sabe que lo que queremos hacer es volver a la situación anterior de 2014, pero todo esto hay que hacerlo con mucho cuidado, porque lo que no puedes hacer es tomar decisiones que después pudieran a lo mejor interpretarse como un aligeramiento del control del uso de los fondos públicos, de manera que luego pudiese estar favoreciendo que se usaran mal. Entonces lo vamos a hacer (enfatiza), pero no se puede hacer en un día.

Y en el caso del IGME dedicado, por un lado, a la investigación y por otro, al servicio público ¿se va a potenciar deslindar esas dos vertientes, es decir, hacer un organismo centrado en investigación y que los servicios a la ciudadanía se presten a través de entidades privadas como en algún momento se ha hablado?

A mí me parece que eso no es suficiente. La idea central de varios de los institutos que tenemos es que las personas se mantienen a la vanguardia del conocimiento para proporcionar un servicio público en base a que hacen la investigación; tienen que ser los mismos. Yo detrás de esa idea sigo estando, porque he entendido que eso estuvo bien hecho.

Claro, pero la amenaza de que se pudiera privatizar la parte de servicio público y que eso quedará desligado de la investigación preocupa…

No sé, a mí no se ha atrevido nadie a planteármelo, a plantearme esa opción (ríe abiertamente descartando con ello completamente la alternativa).

P.D.: Nos queda la duda de si el madrileño tiene algún vínculo con el retablista barroco de la escuela sevillana del mismo nombre, cuyo nacimiento se conmemora curiosamente el mismo día en que tiene lugar esta entrevista. Dejemos por tanto la puerta entreabierta para subsanar esa curiosidad en futuras ocasiones. Gracias, ministro.

Alicia González
Responsable de la Unidad de Cultura Científica
Instituto Geológico y Minero de España

Fuente: Boletín GEA

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