Rafael Guastavino, del modernismo catalán a la reinvención del espacio público de Nueva York

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Del modernismo catalán a la reinvención del espacio público de Nueva York

Fue un arquitecto y constructor español que desarrolló gran parte de su actividad en Estados Unidos, donde difundió el sistema constructivo basado en la bóveda tabicada. Nació en Valencia pero en el año 1861 emigró a Barcelona para formarse como Maestro de Obras y fue el primer arquitecto español que traspasó fronteras, con 40.000 dólares en la maleta y sin saber una palabra de inglés, y en apenas unos años su talento le llevó a levantar decenas de edificios en Manhattan y a fundar una de las constructoras más prestigiosas del país cambiando el sistema de construcción clásico y con plenos reconocimientos en el siglo XIX.

En la actualidad, pese a ser olvidado por la historia, tiene una obra arquitectónica impresionante. Al cruzar la frontera del atlántico, hace más de un siglo, decidió realizar un cambio radical en la construcción y a los 19 años ya contaba con cuatro patentes en Estados Unidos, todas ellas relacionadas con la construcción de este tipo de bóvedas, llegando al final de su obra con un total de 24 patentes bajo el nombre de su compañía. Todo ello le llevo a construir más de 250 edificios en la ciudad de NY y sobre unos 1.000 en total entre otros 40 estados.

Entre ellos destaca la estación de metro de City Hall, una especie de catedral subterránea con vidrieras, azulejos policromados y candelabros de latón. También son ejemplo de su genialidad excéntrica el edificio de la Reserva Federal, la biblioteca pública de Boston o los accesos al puente de Queensboro que une Queens con Manhattan en la misma ciudad de Nueva York.

Posteriormente, juntamente con su hijo, llegaron a cambiar ese sistema de construcción clásico de los Estados Unidos a finales del siglo XIX exportando una idea que bebía de una tradición constructiva milenaria, muy frecuente en el área mediterránea, la bóveda catalana (también conocida como bóveda tabicada o cohesiva). Esta se realiza con ladrillos finos y cemento o yeso que los une como si de pegamento se tratase, y que según la tradición de los arquitectos medievales no requiere ni de andamios ni de muros de gran espesor.

Con ella imprimió para siempre su huella en la emblemática Estación Central de Nueva York, pero también en la mucho más desconocida Casa de los Azulejos.  También son un claro ejemplo de su marcado estilo la catedral de San Juan el Divino, el Carnegie Hall, la Capilla de San Pablo de la Universidad de Columbia y el pabellón de Ellis Island, entre muchas otras obras.

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