Demasiados filólogos, pocos ingenieros

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Mientras el elevador social funcionaba, en España ir a la universidad era garantía de conseguir después un buen empleo. Ahora que el ascensor parece haberse parado, cunde la idea de que tener un título universitario ya tampoco sirve de mucho para encontrar empleo.

Un estudio del INE muestra la falta de adecuación de las titulaciones a las necesidades del mercado laboral

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Y la realidad parece confirmarlo: mucha gente conoce a jóvenes con carrera universitaria y dos másteres haciendo de camarero o vendiendo en un centro comercial. Sin embargo, que nadie se llame a engaño. Si tener un título universitario no garantiza encontrar un trabajo, menos lo garantiza no tener estudios. Las estadísticas son claras: entre los titulados universitarios, la tasa de paro es muy inferior a la del resto. Otra cosa es qué tipo de título da más opciones.

En el año 2010, en plena crisis económica, 200.000 universitarios terminaron la carrera en España. ¿Qué ha sido de ellos cinco años después? Un interesante estudio del Instituto Nacional de Estadística—en el que se ha entrevistado a 30.000 de esos estudiantes— muestra que algunas carreras, como las ingenierías, siguen siendo un pasaporte seguro a un empleo de calidad. Otras, en cambio, como algunas filologías, conducen a itinerarios complicados que no siempre acaban en un trabajo de la especialidad estudiada. En febrero de 2015, casi el 8% de los titulados en 2010 no trabajaba aún, y el 12% lo hacía como becario. Y entre los que trabajaban, uno de cada tres lo hacía en un empleo para el que estaba sobrecualificado. Solo dos de cada cinco tenía contrato estable. El resto era precario.

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Discusión1 comentario

  1. arturo martinez

    Siempre será así. Es necesario en cualquier sociedad la gente operacional concreta (ingeniería) la gente ocupada del operacional formal serán menos pues se encargan de dar explicaciones hacia dónde vamos. Es la gente que puede redireccionar el mundo, sus feas manifestaciones hoy, sólo serán cambiadas por gentes con la dotación mental que los haga pensar menos en su “progreso material” y más en la armonía de todos.
    Lo preocupante es si el éxito se encuentra en las ingenierías allí se tratan de ubicar las mayorías por tanto no tendrán una educación básica que los habilite para comprender que la sociedad mundial necesita cambios noosfericos y no sólo materiales. La generación del futuro debe proveernos del sustento y lo necesario para el desarrollo personal pero esencialmente nos debe dotar de las armonías, que salen de los sentimientos, del desarrollo cerebral que implique aceptación, compartir, igualdades no revolucionarias sino automáticas por el simple hecho de ser ciudadanos del mundo.