Arquitectura comestible: ¿quieres devorar una ciudad?

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Una nueva tendencia, a medio camino entre la gastronomía y la arquitectura, está llamando a tu puerta: son las ciudades comestibles y en ellas el urbanismo es delicioso

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Te imaginas comer a mordiscos la Biblioteca Nacional de Madrid? ¿O un autobús rojo de dos pisos londinense? ¿Sabes a qué huelen las calles de Lisboa? No nos referimos a los olores y sabores que desprenden comercios y restaurantes de las ciudades, sino a un concepto creativo y poco conocido: la arquitectura comestible o ‘urbanofagia’. Para simplificar: consiste en crear una maqueta a escala de una ciudad, y elaborar con alimentos calles y edificios. Los autobuses pueden ser pimientos rellenos, los taxis regaliz negro, las fachadas pueden estar construidas con empanadas gallegas… y así sucesivamente.

Lisboa, como nunca la habías visto. Y sus cocineros, detrás
Lisboa, como nunca la habías visto. Y sus cocineros, detrás

En España se puede contar con los dedos de una mano los arquitectos-artistas-cocineros que han investigado esta rama de la cocina como una propuesta al mismo tiempo efímera y brutal. Quizás por eso se conozca menos de lo que debería. Solo si estás ‘metido en el ajo’ te enteras de cuándo se celebrará la siguiente convocatoria para cocinar una ciudad y después comerla. Aquí van algunas pistas para conocer el submundo de los edificios masticables.

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