Movilidad eléctrica para ciudades inteligentes

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El concepto de ciudad inteligente cambia con el paso de los años. Probablemente, un habitante del Londres del siglo XIX que sufriese la Gran Peste, reconocería estos avances en el actual sistema de alcantarillado con el que contamos desde hace años. Sin embargo, la idea que hoy tenemos de una smart city tiene mucho que ver con la tecnología, a veces, dibujada de la forma más disparatada. Pero estas ciudades no son el futuro ni un elemento más del cine de ciencia ficción.

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Ya vivimos en las smart cities o, lo que es lo mismo, en núcleos urbanos en los que se atiende a grandes cambios sociales que tienen como protagonistas la movilidad, el reto de la ecología y la sociabilización. Pero, ¿qué hace inteligente a una ciudad? Básicamente, tiene que cumplir tres requisitos:

  • Siempre tiene que mejorar la calidad de vida de sus habitantes.
  • Han de gestionar de manera eficiente sus recursos: sus servicios, sus fuentes de energía y su capital humano.
  • Deben integrar estas dos tareas en todos los aspectos de la vida de la ciudad, desde el social hasta el ambiental, pasando por el político, sobre todo.

El primer paso que da una ciudad moderna para alcanzar este modelo es desarrollar multitud de proyectos que resuelven problemas específicos y aislados. A partir de un proyecto piloto, se realizan pruebas para ver cómo se puede mejorar un aspecto de la ciudad que atienda a las necesidades de sus habitantes. A partir de aquí, han nacido muchos avances en movilidad urbana, como en el caso de muchas ciudades que incluyen un servicio para que sus habitantes y visitantes puedan moverse por ella en bicicleta, por ejemplo. También entran en ese grupo los servicios de teleasistencia o los sistemas de alumbrado público, protagonizados por las bombillas LED y las farolas con sensores de presencia.

El segundo paso está en asociar todos estos proyectos independientes entre sí para buscar sinergias y, así, alcanzar una inteligencia conectada en la que toda la ciudad se gestiona desde un plan integral. De esta forma, se consiguen mejores resultados para los recursos invertidos.

De momento, gran parte de las ciudades del mundo trabajan solo el primer ámbito, pero estas propuestas empiezan a coger peso.Aunque todavía quedan unos años para completar esta idea de smart city, ya existen realidades en las que, por ejemplo, el coche moderno de hoy entra a formar parte de esta situación que queremos alcanzar. Estos proyectos presentan al coche eléctrico como un instrumento para liberar la ciudad de la contaminación no solo atmosférica, sino sonora y que, además, ofrece nuevas soluciones de movilidad que aprovechan las nuevas tecnologías: carriles preferentes, cargas de batería en estaciones de servicio o aparcamiento gratuito en zonas de pago, entre otras. En conjunto, son ideas que fomentan en la actualidad el uso de un transporte más responsable.

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