La marisma vuelve a respirar

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Apenas hace unas semanas desde que se talaron los eucaliptos, pero las mayores mareas del año -ocurridas en octubre- ya inundan hasta los topes el terreno recién ganado por la marisma y cubren casi por completo los tocones, arbustos y rebrotes que aún denotan que allí hubo hace no mucho una plantación de árboles para fabricar pasta de papel.

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«La salinidad irá con el tiempo secando los brotes de eucalipto y el resto de vegetación», cuenta Roberto Hartasánchez, presidente del Fondo para la Protección de los Animales Salvajes (Fapas). «En unos meses, quizá años, la vegetación se irá pareciendo más a la del resto de la marisma», vaticina.

Pero en ese mismo rincón de la Marisma de Rubín, en San Vicente de la Barquera (Cantabria), el miedo al paludismo y el afán desarrollista de principios del siglo pasado desecaron cerca de 80 hectáreas del humedal para plantar maíz y criar allí aves de granja. Debieron hacerlo a mano, capazo a capazo, porque el terreno no permitía en aquella época hacerlo de otro modo, pero lograron construir un dique de 700 metros de frente y 1.800 de lado para desviar el río Escudo y dejar aquellas tierras fuera de la influencia de las mareas.

Un siglo después, la marisma vuelve a respirar. Un proyecto pionero de conservación ha devuelto al estuario de San Vicente de la Barquera esta finca de eucaliptos de algo menos de 100 hectáreas con el objetivo de devolver la naturaleza a su estado original y de convertirse en el primer lugar de nidificación del águila pescadora (Pandion haliaetus) después de su extinción en la cornisa cantábrica hace décadas.

El proyecto es único, aparte de porque ha vuelto a encharcar una parte de la marisma perdida hace 100 años, porque ha sido posible gracias a la colaboración de ONG conservacionistas, administraciones públicas locales y autonómicas, la empresa propietaria de la explotación de la finca -que ha cedido los derechos por los que pagó con fines únicamente ambientales- y la Fundación Banco Santander, que ha aportado los fondos necesarios para la recuperación.

Todo comenzó cuando el Fapas le planteó a la empresa maderera y forestal Ence la posibilidad de dejar algún ejemplar señalado en lugares concretos que pudiera beneficiar a la conservación de aves rapaces, como el águila pescadora. «Nos dijeron que sí y nos pasaron un mapa con las fincas que gestionaban para que señalásemos los lugares importantes», cuanta Hartasánchez. «Pero cuando vimos la finca de la Marisma de Rubín nos tiramos un farol y les dijimos: ‘¿no habría posibilidad de quitar aquí todos los eucaliptos?’», relata aún incrédulo.

Y Ence accedió. «Este proyecto es un ejemplo en el mundo de la recuperación de la naturaleza por la colaboración público-privada. Nada de esto hubiera sido posible sin la renuncia por parte de la empresa Ence a la explotación de esta finca. Ahora, podemos incluso pensar en la recuperación del águila pescadora donde estaba extinta», aseguró Borja Baselga, presidente de la Fundación Banco Santander, durante la presentación del proyecto que tuvo lugar en el Castillo del Rey de San Vicente de la Barquera. «La marisma de Rubín es un espacio que ha tenido multitud de usos tras su desecación, agrícola, ganadero, forestal… Pero que debía ser devuelto, con criterios modernos de sostenibilidad, a la marisma a la que pertenecía hace un siglo», añadió Luis Javier Sánchez, gerente de Sostenibilidad de Ence.

La finca está situada dentro del Parque Natural de Oyambre, perteneciente a la red europea Natura 2.000. Según los responsables de la recuperación, la intervención ha consistido en la tala de unos 8.000 eucaliptos y en la eliminación de una especie invasora llamada bacaris, que había colonizado prácticamente todo el terreno. En total, entre el coste de la saca del eucalipto y las actuaciones de recuperación el proyecto ha necesitado una inversión de unos 350.000 euros, aportados por Ence y por la Fundación Banco Santander.

«Desde el siglo XIX, pero también en buena parte del siglo XX se pensaba que las marismas eran lugares que no servían para nada… Incluso la administración financiaba los rellenos. Aquí en Cantabria, en Suances, se le regalaba el territorio a la empresa que rellenara el terreno para desecar los humedales», reconoce Miguel Ángel Palacios, director general de Patrimonio Natural del Gobierno de Cantabria. «En los últimos años, esto ha cambiado y sabemos que hay que desarrollar todas las actividades humanas en armonía con la naturaleza. Este es el principio que rige toda la legislación europea en Medio Ambiente», dice Palacios. «Queremos poner fin a la etapa anterior y comenzar una nueva era de respeto a la naturaleza».

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La ruptura de una pequeña brecha en el dique lateral de poco más de un metro ha permitido ya que el agua entre sin descanso en la antigua plantación de eucaliptoscon cada subida de la marea. «Es una restauración suave y amable, en tiempo real, día a día, año a año, en la que se va a ver perfectamente la evolución de la marisma», dice Javier Sánchez. Hasta dentro de unos seis meses el agua no acabará de eliminar el dique por completo, según las estimaciones del equipo que ha llevado a cabo la recuperación.

Para Hartasánchez, la finalización completa del proyecto se verá en el plazo de unos 3 años. Aunque, en unos seis meses, el mar terminará por tumbar definitivamente de forma natural los 700 metros del dique frontal, lo que terminará por incorporar a la marisma hasta el último rincón del terreno desecado hace un siglo. «Ya empezamos a ver cómo peces y aves acuáticas ya están colonizando la finca recién ganada por el agua. Es el inicio de un proceso interrumpido hace 100 años, pero que ahora vuelve a su estado natural», explica.

Los técnicos del Fapas han dejado troncos de eucaliptos para que sirvan de posaderos y nidos artificiales y señuelos en lugares estratégicos para el águila pescadora, extinguida como ave nidificadora en esta zona a lo largo del siglo XX, cuando a la falta de sensibilidad ambiental se añadieron por ley a mediados de siglo XX las Juntas de Extinción en cada provincia española «para el control de animales dañinos».

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En la península Ibérica el águila pescadora se extinguió como reproductora en el año 1983. Pero ya ha habido iniciativas en España para lograr que vuelva a anidar y se puedan ampliar las parejas presentes en las Islas Baleares y otros lugares del Mediterráneo. Otra iniciativa liderada por Estación Biológica de Doñana (CSIC) liberó en las provincias de Huelva y Cádiz casi 200 pollos de águilas provenientes de países del norte de Europa. El proyecto ya ha dado sus frutos y el número de pollos criados en el sur de España crece cada año.

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