La caída del ‘ yonqui’ del dinero y las deudas cierran la Fundación Rodríguez de la Fuente

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La organización que preserva el legado del naturalista echa la persiana ahogada por las deudas. La corrupción en Valencia retrasó los pagos de un proyecto europeo

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La detención del presidente de la diputación de Valencia, Alfonso Rus, y la conversión del gerente de la empresa pública valenciana Imelsa, Marcos Benavent, de yonqui del dinero a hippy zen, sigue generando réplicas. A veces en sitios insospechados. El último es la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente, encargada de mantener el legado del naturalista y gestionada por su hija Odile. La Fundación está de facto cerrada. Solo tiene un empleado, la propia hija, y está acuciada por los problemas económicos. Tiene que devolver 180.000 euros al año en préstamos al Ministerio de Industria y el escándalo en la diputación valenciana demoró el pago de un proyecto de 1,1 millones que tenían conjuntamente. Un panorama negro uqe ha llevado al concurso de acreedores.

En 2004 nació la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente. Uno de sus objetivos era“difundir el legado documental que Félix Rodríguez de la Fuente (Burgos, 1928-Alaska, 1980) dejó tras años de intensos y reconocidos trabajos en la conservación, estudio y difusión del hombre y su entorno natural y darle continuidad a través de proyectos alineados con su filosofía”. La viuda y las hijas del hombre que enseñó a varias generaciones a amar la naturaleza querían una fundación a la altura de su figura.

Los proyectos y las subvenciones pronto llegaron. Pero la institución comenzó a cavar su tumba cuando acudió a los planes Avanza del Ministerio de Industria. Estas eran unas ayudas diferentes a las que solía pedir. En este caso era mitad subvención y mitad préstamo. Con estas, pretendía crear cosas como `Mi Tiera maps‘, lanzado en 2010 como un “escaparate” digital para los recursos del mundo rural. La fundación fue a tres convocatorias de Avanza con éxito y ahora debe devolver unos 180.000 euros al año durante diez años. “No debimos pedirlas. La Fundación no genera suficiente ni estaba previsto que lo hiciera pero el equipo de entonces pensó que se generaría el dinero. Industria las dio sin evaluar el plan de negocio y luego no ha habido forma de renegociar”, explican fuentes conocedoras de la fundación.

No es lo único que le ha ido mal. En 2009, la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente encontró un aliado inesperado. Ese torbellino de político llamado Alfonso Rus, presidente de la Diputación de Valencia y conocido por una grabación posterior en la que contaba con voz de aguardiante los billetes de las presuntas mordidas que cobraba, firmó un protocolo de colaboración con la entidad. Comenzaron entonces una provechosa colaboración que llevó en febrero de 2013 a lanzar el proyecto europeo Life enArbolar (Bigtrees4life) para “incrementar la protección y mejorar la conservación de los árboles monumentales y los bosques maduros en los territorios con influencia de la red Natura 2000 y la Red de Espacios Naturales”.

 

“Antes, cuando conseguías un proyecto Life de la UE, la Comisión Europea ponía la mitad del dinero y el ministerio el resto. Con la crisis había que buscar la otra parte para completar el dinero europeo“, explica una persona que conoce el proyecto. Y encontraron Impulso Económico Local (Imelsa, una empresa pública de la Diputación de Valencia). “Negociamos con Benavent. Llegar a él era dificilísimo. Iba con abrigos de piel de camello y ahora el que parece un camello es él”, ironiza esta fuente. Las cinco personas consultadas han pedido el anonimato. La fundación quería hacer público su cierre dentro de un tiempo.

Imelsa y la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente crearon un ‘Observatorio sobre Árboles Singulares y Monumentales’. La Diputación ya tenía un catálogo con los árboles más simbólicos de la provincia y es una de las instituciones más avanzadas en este tipo de normativa. Después, Imelsa aceptó financiar la mitad del proyecto Life, para lo que puso 558.306 euros, de forma que la Comisión Europea puso otro tanto.

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Pero en 2014 todo estalló. Anticorrupción comenzó a investigar en secreto tras una denuncia de Izquierda Unida. Acusaban a Marcos Benavent de haber creado empresas pantalla que facturaban a Imelsa por trabajos no realizados. El caso deparó unas grabaciones sobre el cobro de mordidas, como esa en la que Rus decía: Uno, dos, 2.000, 3.000… y 12.000 euros. Dos millones de pelas.

 

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