La planta azul que juega con la física cuántica

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Hay plantas con hojas azules e iridiscentes que controlan la propagación de la luz gracias a un curioso fenómeno de la naturaleza

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Decía Einstein que Dios no juega a los dados. Si hubiera tenido tiempo de estudiar las aparentemente aburridas hojas de los vegetales, quizás podría haber descubierto que las plantas tampoco lo hacen. Todas ellas tienen que lidiar día a día con la luz del Sol, y en su lucha constante no dejan nada al azar. Solo así pueden apañarse para absorber la luz suficiente como para obtener energía y alimento, pero sin que al mismo tiempo la luz oxide sus hojas y las acabe «friendo». Cualquiera que se haya quedado bajo el sol veraniego sabe lo que puede ocurrir.

Tal como han concluido un estudio publicado este martes en «Nature Plants», en algunos casos las plantas incluso se las apañan para jugar con la física cuántica. Una investigación, dirigida por Heather Whitney, de la Universidad de Bristol (Reino Unido) ha descubierto que algunas plantas están especializadas en aprovechar la luz de la penumbra usando hojas azules eiridiscentes. Lo interesante es que en el interior de estas hojas, unos pequeños órganos conocidos como cloroplastos consiguen manipular la física cuántica e incrementar la eficiencia de la fotosíntesis entre un cinco y un 10 por ciento.

«Hemos descubierto que las plantas (y en especial los cloroplastos) pueden manipular la luz gracias a su estructura», ha explicado a ABC Heather Whitney, la directora de la investigación. «Sabíamos que las plantas tienen varias formas de controlar la luz con rutas bioquímicas, pero el hecho de que puedan manipularla con la estructura para aumentar la fotosíntesis es muy impresionante».

 

Los cloroplastos, unas estructuras que están en el interior de las células vegetales, absorben la luz con pigmentos (por eso las plantas tienen color verde) y la usan en su propio beneficio, o sea, para producir azúcares y moléculas para crecer.

Plantas iridiscentes

 

Pero en las profundidades de los bosques tropicales de Malasia, hay una planta que ha ido varios pasos más allá. Se trata de Begonia pavonina, una planta que vive en la parte inferior de la selva, y que tiene que sobrevivir con la escasa luz que dejan pasar los grandes árboles que tienen sus hojas en las alturas.

Para conseguir vivir en esas difíciles condiciones, esta planta tiene hojas azules iridiscentes (brillan con varios colores en función del ángulo desde el que se las mire, como una mancha de aceite o la parte de abajo de un CD). Tal como ha descubierto la investigación de Whitney, este curioso efecto se origina en el interior de los cloroplastos.

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