Del paro en España a triunfar en Estados Unidos trabajando para la NASA

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El ingeniero Ramón González ha recibido la medalla de Andalucía tres años después de emigrar a EEUU: “Allí los jefes intentan valorar a las personas”

El niño que reparaba y destruía los televisores de sus padres toca ahora las estrellas. La historia de Ramón González Sánchez, almeriense de 34 años, es la de muchos otros. Es uno de los cientos de ingenieros que no encontraban presente ni futuro en España y que, amenazados por el paro y la falta de oportunidades, tuvieron que emigrar. En su caso, a EEUU. Y allí despuntó. En septiembre de 2014 entró en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), ahora trabaja en proyectos para la NASA y la OTAN y esta semana el Gobierno andaluz le ha distinguido con la Medalla de Andalucía.

González, doctor en Robótica e ingeniero informático por la universidad de Almería, asegura a El Huffington Post que el galardón es un orgullo y que le alegra porque saca a la luz a la “gente anónima”, a los investigadores que suelen trabajar “apartados de los focos” pese a que su labor es muy necesaria para la sociedad. Y eso en España es más meritorio porque, insiste, no lo tienen nada fácil.

Subraya que la ingeniería en España tiene un punto muy fuerte: el factor humano. “Tenemos gente muy brillante, muy inteligente y talentosa”, afirma. Pero eso, lamenta, es a su vez una debilidad porque “falta tacto, valorar más a los investigadores, darles más oportunidades para que se queden en el país y puedan desarrollar su carrera profesional”.

PETICIÓN A LAS EMPRESAS PRIVADAS

“Cuando hablo de todo esto no me refiero sólo a que la administración pública ayude, sino sobre todo a las empresas privadas, que son las que deberían dar un paso al frente y crear departamentos de I+D, de investigación, y contratar a todos esos ingenieros tan súmamente brillantes que tenemos en nuestro país, que son la gran fortaleza que tiene España en el mundo”, afirma.

González alerta de que cuando un país pierde “todo ese talento”, mucho de él formado con dinero público, pierde también los elementos que pueden hacer a España diferente en el mundo. “Si perdemos eso, seremos un país que se verá obligado a importar tecnología. Y si lo queremos ver por los datos económicos, es mucho más costoso adquirir tecnología que construirla aquí”, constata.

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