Adiós al esparadrapo: un joven ingeniero español diseña unas muletas que no duelen

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Kmina es un rediseño de la muleta tradicional en el que el peso se reparte entre el antebrazo y la mano, para así evitar las molestias habituales

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Un jeroglífico del año 1.350 A.C. muestra a un joven Tutankamón utilizando una herramienta que todavía hoy resulta familiar a nuestros ojos: una muleta. Estos soportes acompañan al ser humano desde el albor de los tiempos, pero han evolucionado muy poco desde entonces. Cualquiera que las haya sufrido recordará cómo las manos, al apoyar todo el peso del cuerpo sobre ellas, terminan destrozadas. No hay esparadrapo que valga. Con la intención de actualizar un diseño milenario, el joven ingeniero Ignacio Mañero ha patentado Kmina, una reinvención de la muleta tradicional que acaba de superar con éxito su campaña de ‘crowdfunding’.

Este ingeniero industrial de 27 años explica a Teknautas cómo nació el proyecto: “Comencé a investigar tras una lesión de fútbol. Como todo el mundo, puse una venda en la empuñadura, pero aun así me puse la mano hecha un Cristo”. Al descubrir que el mercado apenas había cambiado desde los tiempos del pobre Tutankamón, Mañero creó un nuevo diseño, lo patentó, y fabricó su primer prototipo de madera durante los ratos libres del fin de semana.

“El concepto es siempre un palo y una empuñadura, como mucho se han añadido empuñaduras más ergonómicas y suelas que se adapten mejor al terreno”, comenta Mañero. Sus muletas tienen un apoyo inclinado para el antebrazo que reparte “más del 80%” del peso que antes sufría la mano. Además, incluye una amortiguación para liberar todavía más la carga.

Fernando Marco, catedrático del departamento de Cirugía de la Universidad Complutense de Madrid no relacionado con el proyecto, lo considera una buena iniciativa: “Me gustaría usarlo con mis pacientes para ver si la idea se traslada bien a la práctica clínica”. El experto considera que la idea “tiene sentido” desde el punto de vista de la biomecánica, ya que no exige el uso del hombro, que es una articulación “mucho más sensible” ni de la fuerza de prensión de la mano, que con la edad se vuelve “muy reducida”.

“Los traumatólogos sabemos que existe una limitación importante a partir de cierta edad, lo que obliga a que muchos pacientes tengan que usar andadores o incluso sillas de ruedas”, añade Marco. 

Tras comprobar que el primer prototipo de madera ya mejoraba las muletas tradicionales, Mañero dejó su trabajo en una consultora para fundar Kmina junto a su compañero Alejandro y el Jefe del Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología del Hospital Universitario Donostia, Jaime Usabiaga, considerado uno de los cincuenta mejores médicos de España según el directorio Topdoctors. “Le encantó la idea porque decía que cada día veía pacientes quejándose del dolor de manos, así que se sumó como inversor y asesor”, aclara Mañero.

Fundada en febrero de este año, la empresa ya ha fabricado seis prototipos que ha probado y mejorado con la ayuda de varios usuarios de muletas. El último paso en esta primera etapa, conseguir el dinero suficiente para producir la primera tirada de Kmina, finalizó ayer con éxito. Gracias a una campaña en Kickstarter, Mañero y sus compañeros han logrado los 20.000 euros que necesitaban.  

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Las muletas costarán 99 euros en las tiendas, aunque durante el periodo de la campaña podían adquirirse a mitad de precio. La empresa también ofrece la posibilidad de donarlas a asociaciones como ADELA (Asociación Española de Esclerosis Lateral Amiotrófica), ASEM (Federación Española de Enfermedades Neuromusculares) y CIMA (Federación de Asociaciones de Ciudadanos Mayores de la Comunidad Valenciana), para ayudar a personas sin medios que las necesitan.

 

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