Arquitectura para una primavera eterna que salve a las abejas

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Todo requiere de un tiempo. Las abejas tienen que moverse muy rápido para permanecer quietas.

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Las abejas se están extinguiendo y no sabemos exactamente por qué. El problema se llama CCD —siglas del inglés Colony Collapse Disorder; o sea, trastorno de colapso de las colonias— y es jodido de verdad. Sin motivo aparente, las abejas obreras abandonan las colmenas en masa, y aunque dejan atrás comida, a la reina y a unas pocas cuidadoras, se llevan con ellas la fuerza de trabajo necesaria para mantener la colonia, que colapsa efectivamente a los pocos días.

Hay casos registrados de este comportamiento anómalo desde el siglo XIX, pero es sobre todo a partir de 2006 cuando el número de colmenas abandonadas crece drásticamente, momento en el que se le dio el nombre de CCD. Desde 1945 hasta 2005, el número de colonias salvajes se había reducido a la mitad en todo el mundo, desde los seis millones hasta poco más de tres; y esta disminución masiva ya sería lo suficientemente preocupante si no fuese porque en los siete años que transcurren desde 2007 hasta 2013 se perdieron otros 10 millones de colmenas (cada colonia tiene varias colmenas, desde unas pocas hasta más de un centenar). Un ritmo de pérdida que duplicaba al anterior, hasta el punto de que en septiembre pasado, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de los Estados Unidos incluyó siete especies de abeja en la lista federal de especies protegidas.

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Este fenómeno se produce en todo tipo de especies, desde las salvajes hasta la abeja común que, si bien no está amenazada, ha reducido su actividad polinizadora de manera dramática. Teniendo en cuenta que, si la BBC tiene razón, dicha polinización afecta al 70% de las variantes de cosecha que alimentan al 90% de la población mundial, el problema, como dijimos al principio, es jodido. Desde luego que la pérdida de biodiversidad ya es una circunstancia que debería preocuparnos, pero es que, en este caso, no hay que ser especialmente apocalíptico para entender que la amenaza es seria de veras.

Aún no se ha podido determinar con precisión la causa o causas que provocan el CCD, si bien la hipótesis más probable entre quienes estudian el trastorno apunta a una combinación de factores, desde infestaciones de ácaros parasitarios hasta el uso de pesticidas neonicotinoides o las modificaciones en los hábitats naturales. Y sin embargo, quizá una de las posibles soluciones a la desaparición de las abejas pase precisamente por ofrecerles un hábitat mejor. Aunque sea artificial.

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En su Synthetic Apiary, el Mediated Matter Group del MIT Media Lab propone un entorno cerrado y dirigido para favorecer el desarrollo estable de una colonia de abejas. En sus propias palabras: «Se manipula y controla la luz, la humedad y la temperatura para simular un entorno de primavera perpetua. De igual manera, a las abejas se las provee de polen sintético y agua azucarada, y son evaluadas regularmente para verificar su salud y bienestar».

Sin embargo, este colmenar artificial no se parece a la imagen que se nos ocurre cuando imaginamos la primavera. No hay flores ni sol ni aire libre, solo una habitación uniformemente blanca con la luz uniformemente blanca de los fluorescentes que se esconden tras el falso techo. A priori, podríamos pensar que la sala está diseñada por hipertecnificados biólogos sin ningún miramiento por la belleza y la calidad de vida; una aséptica cápsula de vigilancia, más parecida a una celda que al hábitat perfecto para las abejas. Y nos equivocaríamos.

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